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La autora pasa en revista las comprobaciones psicoanalíticas a que han llegado los autores en lo que se refiere al obscuro tema de la tartamudez, e intenta en su trabajo verificar estas comprobaciones con el material obtenido por ella en un caso clínico.
Dice J. Coriat que la tartamudez es una perturbación psiconeurótica, cuyo principal mecanismo es un conflicto producido por la resistencia contra la traición por medio del lenguaje, de ciertas tendencias reprimidas del pensamiento sobre todo de naturaleza sexual.
En los tartamudos hay además una persistencia de la creencia en la omnipotencia del pensamiento, con una valoración exagerada del habla que se expresa en verbosidad, con satisfacción del placer oral o mutismo como una forma de resistencia.
R. Brun establece que el placer de una fijación anal infantil es transformada en síntomas de acuerdo con el siguiente esquema: 1ọ se prohibe decir malas palabras; 2ọ si se habla no se está seguro de que no se escape alguna, el remedio sería estar callado pero durante la conversación si se habla hay que estar refrenándose constantemente. Una falla en la represión da lugar a la tartamudez.
Fenichel resume así los resultados de sus comprobaciones: La tartamudez es una neurosis de conversión pregenital que presupone una erotización de la función del lenguaje. Sus fines son casi siempre de naturaleza exhibicionista y sádica. Hay un desplazamiento del erotismo pregenital, oral y anal sobre los mecanismos del lenguaje y los síntomas están siempre sobredeterminados.
El paciente estudiado por la Sra. Heilpern era un joven de 21 años a quien habían tratado sin éxito su tartamudez con hipnosis, ejercicios respiratorios y reeducación del lenguaje.
Como su madre trabajaba en una fábrica durante su embarazo no quería tenerlo. El parto fué laborioso por lo cual nació cianotico pero luego se desarolló bien.
Como mordía a su madre frecuentemente fué destetado pronto. La función del habla se erotizó muy temprano, aprendió a recitar poemas y era m