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Es un número del Boletín de la Clínica Menninger que festeja el semicentenario de la primera comunicación psicoanalítica: “Acerca de los mecanismos psíquicos de los fenómenos histéricos”, de Breuer y Freud.
Tal hecho es comentado en un “prólogo” por Leo H. Bartemeier, presidente de la Asociación Psicoanalítica Norteamericana. Luego este autor se refiere al espíritu amplio de Freud, al darse cuenta de la importancia de lo hecho por otro colega, y buscando entonces su colaboración. Compara esta situación con la actual, en que psicoanalistas y clínicos trabajan unidos en las investigaciones psicosomáticas.
En el simposio sobre la teoría y práctica psicoanalítica, Zilboorg se refiere a la impresión de crisis dentro del psicoanálisis y estudia sus fundamentos. Provienen en parte de là índole especial de la psicología que no conserva sus características invariables en todos los países, al revés de la física o química, con problemas idénticos en todo el mundo. Además interviene el hecho de que en la actualidad al psicoanalista se le exija no solamente la práctica individual, sino también su intervención en la sociología, filosofía, etc., para las cuales suele estar menos preparado. Estos últimos aspectos de la vida social exigen en tiempos de tormenta respuestas concretas y precisas para aliviar el malestar general. No dándolas, el psicoanálisis se atrae reproches y provoca por parte de algunos tentativas de modificación.
Wälder hace primeramente un examen histórico, comenzando con Adler y Jung, que desarollaron sus teorías, tomando un aspecto parcial de lo dicho por Freud, y elevándolo al rango de punto central de toda la psicología. Con ello el aspecto sexual de las neurosis y el acento en el pasado individual pasaron a un segundo término. Más tarde Rank hizo del tratamiento un método de entrenamiento en las relaciones interpersonales, a través de la transferencia.
En los últimos veinte años las desviaciones del psicoanálisis clásico ocurrieron en tres direcciones: 1ọ afirma