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La autora plantea el problema cuando aparece en la niña su femineidad, caracterizada por una actitud pasiva y masoquista. Hasta la fase fálica el desarrollo libidinoso es similar en los dos sexos. Cuando la niña descubre la diferencia de los sexos, entra en una fase postfálica, cambiando fundamentalmente su conducta. El clitoris es desvalorizado por el descubrimiento del pene y la libido activasádica ligada hasta ahora al clitoris, sufre una regresión, transformando su fin activo en masoquista. Simultáneamente ocurre un cambio de objeto. La libido ya se dirige hacia el padre y el fin masoquista aparece en la fantasía de querer ser castrada por él. Según Helene Deutsch el deseo de la castración por parte del padre inaugura siempre en la mujer el complejo de Edipo positivo. Hasta que la niña llegue a esta situación, su relación con la madre sufre necesariamente varios cambios. Sus sentimientos positivos y cariñosos se vuelven agresivos por la envidia al pene y por su deseo de ser hombre, para poder poseer a la madre. El descubrimiento de que la madre es también castrada y la desilusión sufrida, motiva el cambio de las tendencias libidinosas. Mientras que las tendencias pasivas y masoquistas, que aparecen en esta época, se dirigen hacia el padre, la niña persiste en su agresividad frente a la madre, pero esta agresividad es causada ahora por la