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Los problemas que surgieron en los análisis de 5 enfermas manifiestamente homosexuales motivaron el presente trabajo del conocido autor. Le indujeron a plantearse dos
preguntas importantes relacionadas con el desarrollo de la libido femenina. Son las siguienes: ¿Qué corresponde en la mujer al temor a la castración del hombre? ¿En qué se diferencia el desarrollo de una mujer homosexual del de una mujer normal?
En los cinco casos analizados, que denotaron gran variedad psicológica, se podía, sin embargo, observar algunos factores importantes comunes. Todas las enfermas denotaron una ambivalencia intensa en relación con sus padres y una gran fijación oral a la madre. A ésta seguía otra fijación intensa al padre, que se había hecho consciente temporaria o permanentemente.
Para poder contestar la primera cuestión planteada en este trabajo, el autor examina el significado exacto del término “castración”. No cabe duda que la mujer, a pesar de ser “castrada” sufre a menudo el mismo temor a la castración que el hombre. El autor sostiene que el término de castración se refiere exclusivamente al temor del varón a la pérdida del pene, es decir, a un temor parcial, mientras que los niños de ambos sexos temen a menudo la pérdida total de la capacidad del goce sexual. Propone para designar esta pérdida total, la palabra griega aphanasis. Si proseguimos a fondo el temor que está en la base de cualquier neurosis, encontraremos siempre que no significa un temor a la pérdida parcial de gozar —temor a la castración si se refiere al pene— sino a la pérdida total, a la aphanasis. Se expresa en los dos sexos de una manera casi idéntica. Mientras el niño teme que, por cometer algún acto sexual prohibido, podría ser castigado con la aphanasis, la niña cree que, si provocara tal acto, su castigo sería el mismo. La diferencia está, pues, solamente en el grado mayor o menor de actividad. El varón teme cometer el acto sexual, la niña provocarlo. Los dos buscan en este acto satisfacción sexual,