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Este trabajo forma parte del homenaje tributado a Ernest Jones, al cumplir éste 50 años. Como complemento del estudio sobre Hamlet realizado por Jones, la autora enfoca el personaje, especialmente desde el punto de vista de su regresión libidinosa. Se propone demostrar que la conducta de Hamlet tiende, desde el comienzo, al desenlace trágico, y está caracterizada por la impaciencia del autocastigo, y no por la vacilación. Esta es sólo “una vana tentativa de quebrar la fuerza de esa tendencia… una artificiosa lentitud destinada a contrarrestar la urgencia de ese impulso”. El complejo de Edipo se presenta, en Hamlet, bajo la forma de una fantasía de sadismo oral. El yo es objeto de la venganza del superyó, como castigo de la introyección de las personas cuyo cariño ha perdido el protagonista: primero, el del padre, luego, el de la madre y, por último, el de Ofelia. A la regresión narcisista iniciada a raíz de la muerte del padre se agrega, desde la impresión traumática de la conducta de la madre, una identificación con ésta.
La melancolía que aquí se inicia, se agrava luego con el rechazo de que es objeto por parte de Ofelia. Visto el drama desde el punto de vista del desenlace trágico, como tendencia implícita desde el comienzo, representa el desarrollo del tema del suicidio, afirmación que es válida también para Ofelia, cuyo drama no es otra cosa que el conflicto de Hamlet, a la manera femenina. Mientras en ella, el castigo por la introyección del padre (Polonio) es realizado por su propio impulso, en Hamlet el superyó se encarna en Laertes. La autora interpreta el drama como una proyección de conflictos del mismo Shakespeare, para lo cual recuerda la muerte del padre del dramaturgo, señalada por Freud, y la de Mary Fitton, a que aludieron otros autores. La creación del Hamlet, ha servido para transformar a Shakespeare en el más grande de los dramaturgos y hacer de él, al mismo tiempo, un hombre normal, liberado, gracias a la proyección, de sus propios conflictos. Pe