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De la autobiografía de Stendhal.
“Mi madre era una mujer encantadora, y yo estaba enamorado de ella. Me apresuro a agregar que la perdí a los siete años. Cuando, contando unos seis años (1789) la amaba, mi carácter era completamente igual al que tenía cuando, en 1828, amé apasionadamente a Alberthe de Rubempré. Mi manera de perseguir la felicidad nada ha cambiado, en el fondo… Yo quería cubrir de besos a mi madre y deseaba verla sin vestidos. Ella me amaba apasionadamente y me besaba con frecuencia; yo le devolvía los besos con tanto fuego que muchas veces tuvo que apartarme. A mi padre lo aborrecía cuando llegaba para interrumpir nuestras caricias. Siempre quería besarle el pecho … Murió en la flor de su juventud y de su belleza. Entonces comenzó mi vida interior.
De una carta de Baudelaire.
“¿Qué es lo que el niño ama con tal pasión en su madre, en su nodriza, en su hermana preferida? ¿Es tan sólo el ser que le nutre, le peina, le lava y le mece? También es el cariño y el placer lujurioso. Sin que la mujer se percate de ello, toda su gracia femenina le inspira al niño esta pasión. Así, ama a su madre, a su hermana, a su nodriza por el agradable cosquilleo de la seda y de las pieles, ama el perfume de su piel y de su cabello, el tintineo de sus alhajas,