You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Después de dejar establecida la diferencia entre los instintos del yo y los instintos sexuales (1) trataremos de valorar ahora el alcance del instinto sexual. Si determinamos la dirección del instinto sexual y descubrimos la riqueza de sus manifestaciones, estaremos capacitados para contestar la segunda pregunta, que surge de la definición de la libido como energía del instinto sexual. ¿Cuál es el significado del término “sexual”? Se ha contestado de muchas maneras distintas antes de que Freud hiciera sus investigaciones. La opinión popular, que identifica lo sexual con lo indecente, sirve por desgracia también, muy a menudo, como base científica. Gran parte de nuestra cultura tiene su origen en la represión de los instintos y ha sido edificada sobre ella. Si los hombres por su misma educación cultural, tienen tendencia a rechazar la satisfacción instintiva, se comprende que las instituciones culturales adopten una actitud hostil hacia los instintos sexuales, aunque esto no puede justificarse científicamente. Esta reprobación ética y moral de los instintos sexuales conduce a la identificación de todo lo sexual con lo indecente. No podemos aceptar esta definición porque está basada en una valoración que nos impide comprender la verdadera naturaleza e importancia del instinto sexual.
Sin embargo, en lo que concierne a nuestra valoración afectiva e individual, identificamos actualmente mucho de lo sexual con lo indecente. Otra definición que no tiene su base en una valoración emotiva, determina como sexual a toda intención de obtener placer por la unión con los órganos sexuales del sexo opuesto. Esta definición es demasiado limitada, lo mismo que aquella otra que destaca la procreación como fin esencial de la sexualidad, porque existe un gran número de actos sexuales que no tienden hacia la procreación, como besar, masturbarse o los innumerables actos perversos