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El autor sostiene que cada delincuente en cierta extensión elige su propio tipo de crimen, es decir, que existe una estrecha relación entre la mentalidad del individuo y el hecho criminal. Considera que en todos los crímenes, aun los que parecen más insensatos y en los cometidos por un psicótico, puede descubrirse, mediante un estudio profundo de la personalidad del autor, los motivos inconscientes subyacentes y así establecer el nexo de unión entre la mente del criminal y el delito.
Después de exponer varios ejemplos muy interesantes expresa que es dudoso que existan individuos que cometan crímenes sin haber experimentado algún conflicto interior relacionado con sentimientos de odio surgidos en la infancia y generadores de ansiedad y culpa o de mecanismos de autocastigo. Por lo tanto en todos los casos en que una persona es acusada de un delito debe ser examinada por un psiquiatra calificado e investigarse la dinámica de su personalidad, el desarrollo de los hechos y su estado mental.
El resultado práctico del conocimiento de los motivos que impulsan a un individuo al crimen es que se podría, si el caso es susceptible de una terapia psicológica profunda, hacerle comprender su propia situación, haciendo que se dé cuenta de la estructura de su personalidad y facilitándole el encauzamiento de sus agresiones primitivas por vías socialmente aceptables y constructivas. Asimismo, tal conocimiento permitiría encarar el tratamiento de criminales potenciales previniéndose sus futuras actividades antisociales.
Por último, el autor propugna el establecimiento de clínicas en las cuales las personas antisociales puedan ser examinadas y recibir un tratamiento adecuado. Termina su artículo con las siguientes palabras que transcribimos textualmente por todo el valor que poseen: “La psiquiatría es una ciencia social y por lo tanto el psiquiatra tiene una responsabilidad frente a la sociedad. Además de curar al enfermo mental, es dudoso que la psiquiatría pueda tener una tarea más digna