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En el lenguaje corriente y popular u obsceno el pene aparece designado con numerosos y variados nombres. Lo mismo ocurre con los genitales femeninos externos. En cambio resulta
extraño que no haya términos populares para designar el clítoris. Con respecto a la vagina, las expresiones vulgares existen, aunque son escasas. Estos hechos proceden de represiones individuales con su reflejo en el lenguaje. Tienen su origen en la valoración excesiva del pene y en el rechazo de todo órgano que puede ser considerado como castrado. Dicho de un modo figurado, el lenguaje popular no se atreve a inspeccionar el interior de la vulva, aunque sus temores son menos intensos para con la vagina que ante el clítoris, con el significado displaciente de falo rudimentario.
Garma.