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Con su aguda visión nos recalca Fenichel algunas características centrales en el mecanismo de las fobias. Señala que las fobias constituyen el tipo más simple de neurosis en que la angustia substituye a la excitación, en tanto que en todos los otros tipos de neurosis se encuentra otra elaboración. Desarrolla después el concepto de Freud sobre la situación de alarma como previa a la situación traumática y expresa que en la angustia fobica la función de la ansiedad como preservadora de la situación traumática fracasa, convirtiéndose en la situación traumática misma. Analiza después el desplazamiento del objeto tentador o temido: animal por padre, calle por estación, etc., así como el carácter regresivo de las fobias. Ciertas formas del desplazamiento fóbico están determinadas directamente por la naturaleza específica de los instintos reprimidos; por ejemplo el temor a ser devorado constituye una defensa contra intensas exigencias orales, el temor a salir a la calle está en relación con el exhibicionismo, la fobia a las alturas con fantasías inconscientes de erección, la claustrofobia con fantasías de retorno intrauterino etc. Se refiere más adelante a la escasa atención prestada al problema del equilibrio y a su significación erógena, y señala que el bloqueo de la excitación sexual reactiva sensaciones arcaicas de desequilibrio y perturbaciones espaciales. Analiza el papel básico de la proyección de las sensaciones especialmente en la claustrofobia. En la agorafobia existe una relación precisa con respecto a la estrechez o amplitud de la calle, temida que relaciona con las sensaciones fisiológicas de constricción torácica acompañadas de dificultad respiratoria. Si la proyección se cumple, el fóbico se alivia pero si la proyección fracasa, desplaza su temor a nuevas situaciones. El mecanismo fóbico utiliza un tipo de pensamiento animístico que persiste en el inconsciente. Existe, por otra parte, un tipo de errónea interpretación animística del mundo que es muy similar