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La autora destaca due mientras las funciones normales reproductivas de la mujer son acompañadas de dolor, el coito no es ligado con ninguna sensación penosa para la mujer normal. Relaciona este contraste con los dos órganos eróticos, de que dispone la mujer. Durante la fase sádicoanal la niña interpreta el coito como una vivencia dolorosa y masoquística. En la fase fálica se defiende por su actividad contra sus tendencias pasivomasoquísticas. Para que pueda gozar más tarde, como mujer adulta, normalmente, no es necesario que desplace toda su libido del clítoris a la vagina. Pero hace falta que la convierta en libido de fin pasivo. Si la mujer no consigue separar de sus demás experiencias sexuales dolorosas el coito como vivencia pasiva, pero placentera, entonces no se atreverá a aceptar su propia pasividad. El temor a la agresión del hombre durante el coito será tan fuerte, que lo