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El autor expone las diferencias más esenciales que existen entre los conceptos de la escuela analítica de Viena y de Londres sobre la evolución libidinosa de la mujer.
Según Freud, la niña adopta hacia su primer objeto libidinoso, su madre, una actitud varonil. Más tarde tiene que cambiar de objeto libidinoso y de actitud. Se opina en Londres, que la niña muy pequeña se comporta más bien en forma femenina frente a su madre y que sus fines libidinosos son receptivos. Para ella, la madre es además objeto de envidia. Cree que posee en su cuerpo todo lo que ella anhela y fantasea de despojarla de estos objetos apetecidos. Por las frustraciones que sufre en sus deseos orales se imagina que existe además del pezón un órgano mayor y más satisfactorio, algo como un pene nutricio. Esta idea forma la base de la posterior envidia al pene. Su padre es considerado en esta etapa como rival, porque la niña supone, que la madre lo amamanta. Pero además entra en una época muy temprana en una situación edípica positiva frente al padre, porque desplaza sus deseos orales sobre el pene paterno. En esta situación su madre es su rival.
Por las frustraciones orales sufridas de la madre se desarrolla el sadismo oral, que más tarde será reforzado por componentes anales y uretrales. El sadismo debe ser reprimido por el temor a la “retaliación” —la niña teme que su madre destruirá el interior de su cuerpo, como ella quiso hacer con la madre anteriormente— y por su dependencia completa de la madre durante la primera infancia. (El varón no se siente tan forzado a reprimir su sadismo, porque puede comprobar siempre que su pene está intacto y porque su sadismo y rivalidad se dirigen contra una persona —contra el padre— de la cual depende relativamente poco.)
El autor admite, en oposición a la escuela vienesa, la existencia de sensaciones vaginales tempranas, que por haber sufrido una represión profunda difícilmente pueden ser comprobadas más tarde. Las causas de de esta represión son diversas: 1. Las