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Jones resume brevemente, cómo, según Freud, los niños de ambos sexos desconocen la diferencia anatómica sexual, cuando entran en la fase fálica. Suponen que todas las demás personas tienen el mismo genital como ellos. Más tarde, cuando el niño se da cuenta de la diferencia anatómica existente entre los sexos, divide las personas en poseedoras de pene o castradas. El autor propone subdividir la fase fálica y hablar de una fase proto y de otra fase deuterofálica. Las dos fases deben ser separadas por la percepción de la diferencia anatómica entre los sexos que da origen al complejo de castración.
Según Jones la fase deuterofálica es más neurótica que la fase anterior, porque es caracterizada por un narcisismo intensificado y por tendencias sádicas y penetrativas inhibidas. La concentración narcisística en el pene sirve al niño de defensa contra sus propios deseos femeninos. ¿Cuál será el origen de estos deseos? La actitud del niño pequeño durante la primera fase oral es siempre receptiva, es decir, femenina. Existe el deseo de que el pezón materno penetre en la boca del niño. Por las frustraciones de la fase oral nace la fantasía optativa, de encontrar un pezón más grande y satisfactorio, que es imaginado según el modelo del propio pene. Así representa el pezón materno para lo inconsciente primeramente el pene de la madre y después el del padre. La agresividad y los deseos destructivos provocados por el pezón insatisfactorio, se desplazan más tarde sobre el pene. La aparición de tendencias penetrativas del propio pene, que ya tienen como objeto la vagina materna, hace surgir en el niño el temor al pene del padre. Supone que el pene del padre esté dentro de la vagina y —por la ley del Talión— teme que podría destruir su propio pene, que penetra ahí. En esta forma surge como defensa contra el deseo peligroso de penetrar en la vagina la idea de la madre fálica. Esta representación, que ya apareció durante la fase oral por el deseo de un pezón más satisfactorio, sirve ahor