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Se trataba de un muchacho de 16 años que fué llevado al análisis con un diagnóstico de distonía de torsión. El tratamiento fué corto, sólo tres meses en 1930 y dos en 1935. Las condiciones en que fué realizado no fueron favorables ya que debió vivir en casa de la analista, no obstante eso se logró por medio del análisis la desaparición de los trastornos motores fundamentales, mejorando la adaptación del muchacho a la escuela, a sus compañeros y a la familia. Ya en la primera infancia se evidenciaron trastornos motores que se agravaron al entrar a la pubertad. Tenía además síntomas de una grave neurosis, timidez, incapacidad de rendimiento escolar y social no obstante poseer una inteligencia normal. El paciente era el menor de cuatro hermanos; vivía con su madre habiendo muerto su padre cuando él tenía diez años. Hasta los tres años fué un niño más o menos normal mostrando desde esta edad torpeza y temor para caminar y el pediatra que le vió en esta época