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“… Téngase en cuenta cuán a disgusto pensamos en cosas que ofenden profundamente nuestros intereses, nuestro orgullo o nuestros deseos; cuán difícilmente nos resolvemos a someterlas a nuestro intelecto, para su consideración seria y detenida; con cuánta facilidad, en cambio, las volvemos a apartar inconscientemente o nos escabullimos ante ellas… En esa resistencia de la voluntad a dejar que lo aborrecido llegue a la luz del intelecto reside la brecha por la cual la locura puede irrumpir en el espíritu.”
“… Si al intelecto le son sustraídos del todo ciertos sucesos o vicisitudes, porque la voluntad no puede soportarlos; si se colma luego arbitrariamente, en