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La tartamudez es el defecto del lenguaje que más ha despertado el interés de los investigadores y suscitado mayores controversias.
Las modernas teorías psicoanalíticas son las primeras que han aclarado en cierta medida el obscuro mecanismo de ese trastorno.
Freud fué el primero en demostrar que las palabras que ofrecen dificultad al tartamudo, están relacionadas con ciertos shocks psíquicos y subsecuentes represiones, y que el paciente que no puede pronunciar una palabra no sabe a qué se debe, pues ha reprimido y olvidado el afecto traumático. La tartamudez sería entonces una enfermedad que entraría en la denominación de “neurosis de conversión”.
Comprendemos bajo este título a las neurosis, cuyos síntomas ponen de manifiesto, del mismo modo que en la “histeria de conversión”, la transformación de un conflicto psíquico en síntoma somático, en este caso la imposibilidad de hablar bien.
En la “histeria de conversión” el conflicto se produce entre deseos sexuales infantiles orientados hacia un objeto y sus tendencias al rechazo o represión.
Pero en oposición a la histeria, en el caso de la tartamudez, los deseos sexuales infantiles debidos a una regresión no son de tipo genital sino pregenital, es decir, de tipo oral, anal o sádicoanal y cuyo propósito es la incorporación y destrucción del objeto.
Fenichel dice que aun cuando la sintomatología tiene carácter de conversión,