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Muy de tanto en tanto se destaca en una revista de especialidad un raro trabajo, testimonio de que su autor no ha olvidado que, como médico, más aún como psiquiatra, no es sino un especialista en biología humana. Así, Karpman aprovecha el comentario sobre un reciente libro de E. E. Just (The biology of the cell surface) para hacer una incursión biológica que ilustra la vigencia general de los puntos de vista imperantes en nuestra moderna psiquiatría: la unidad psicosomática, la consideración personalística y unitaria, la lucha contra el “atomismo” psicológico. Así, señala Karpman cómo en las ciencias biológicas se ha impuesto cada vez más la interpretación funcional, contra la constitucional; la dinámica, contra la estática. Pese al progreso que en este sentido significó la doctrina evolucionista de Darwin, ocurrió un retroceso cuando la genética se dedicó a estudiar los fenómenos celulares de la herencia, concentrándose excesivamente en el núcleo y los cromosomas. Llegóse a olvidar así la importancia que en la célula tiene el citoplasma, “ambiente inmediato en que vive el núcleo, desdeñándose la íntima relación funcional entre ambos elementos, menospreciándose la función del ectoplasma, que por un lado influye profundamente sobre los procesos citoplasmáticos, y por el otro representa el medio que relaciona íntimamente a la célula con el ambiente externo”.