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Los problemas psiquiátricos siempre han sido considerados como objetos de controversia más o menos aguda. Todavía al final del siglo xviii, aun eran los filósofos quienes reclamaban la psiquiatría como dominio propio, mientras los médicos se limitaban a estudiar el cuerpo. Recientemente se ha tratado de alcanzar una solución bajo la forma de una síntesis entre lo que la psicopatología ha aprendido y lo que la fisiología nos enseña, apareciendo por fin el término “medicina psicosomática”, que señala una tentativa de colmar la brecha entre la psicopatología y la medicina general, alcanzando así un acceso único y global a los problemas clínicos implícitos en ambas.
En realidad, esta manera de abordar el problema no es nueva, pues durante muchísimos años las ciencias médicas y la biología han tratado de hallar una fórmula integral, un abordaje que ofreciera unidad metodológica a ambos campos y coherencia empírica a nuestros estudios clínicos. Sin embargo, sólo a comienzos del siglo xix se realizó el primer intento cabal para alcanzar una síntesis. “Toda persona mentalmente enferma también lo está psíquicamente”, decía J. B. Friedreich, en su libro de texto , y Ernst von Feuchtersieben, en su obra Zur Diätetik der Seele , fué el primero en referirse a la “totalidad psicofísica del hombre”.
Quienes se interesen por los problemas de la actual medicina psicosomática están en profunda deuda con Christian Friedrich Nasse y su contemporáneo y amigo Karl W. M. Jacobi . Este último publicó un trabajo titulado Nuevas consideraciones sobre el establecimiento de una medicina somatopsíquica, que en la medida de mis conocimientos es la primera formulación del concepto y el programa de la medicina psicosomática.
Es interesante señalar que las concepciones de Jacobi y Nasse surgieron en una época en que la medicina había caído en los últimos extremos de la orientación organicista. Bajo la influencia del rápido desarrollo que había seguido la química, la anatomía y la fisiología, las cien