You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
(1813-1863. Autor de Los Nibelungos y de muchas otras tragedias.)
A ciertas personas hay que disuadirlas de adoptar la resolución de hacer algo, si realmente se quiere que lo hagan.
Ninguna desgracia sufre el hombre que no trate de atribuir a alguna culpa en que ha incurrido.
En realidad, al hombre le es imposible concebir al mundo sin intervención de su yo. Cree que la vida y el mundo se encuentran tan íntimamente enlazados con él, como él lo está con el mundo y la vida.
Hay personas que sólo adoran lo que pueden destruir.
Es asombroso cómo todos los instintos humanos pueden reducirse a uno solo.
La mujer que hay en el hombre le arrastra a éste hacia la mujer; el hombre que hay en la mujer se resiste contra el hombre.
No sólo en los actos del hombre hay consecuencia y unidad: también en los sucesos que le ocurren.
Toda satisfacción termina por repugnar, pues sólo en la tensión de las energías reside la voluptuosidad.
Un hijo es la derivación más natural para el amor que los padres sienten por ellos mismos.