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No es verdaderamente muy lisonjero para nosotros, los psiquiatras, que ignoremos las razones psicológicas que conducen a la criminalidad. Sin embargo, estamos de acuerdo en que los factores sociales y psicológicos actúan con frecuencia conjuntamente en la constitución del fenómeno crimen. Ninguna persona razonable niega los hechos sociológicos, pero admitirlos no significa que deba exagerarse su importancia en todos los casos, especialmente cuando los factores psicológicos desempeñan el papel principal. Algunas veces en las acciones criminales el factor social es una excusa y más a menudo una racionalización de motivos inconscientes y ocultos o el punto de partida para la repetición de injusticias realmente experimentadas o fantaseadas en la relación niño-madre-padre, las que luego son proyectadas y perpetuadas masoquísticamente sobre la sociedad o sobre el orden social en general. Las racionalizaciones más superficiales son frecuentemente aceptadas porque parecen “obvias”. Para evitar la antigua controversia suscitada en el campo de la criminología —de un lado psicología médica, del otro sociología— concentremos nuestro interés exclusivamente a casos en los cuales los hechos sociales desempeñan un papel prácticamente sin importancia y los psicológicos uno decisivo, y preguntémonos qué sabemos sobre los factores genéticos.
¿Cuál es la causa de nuestra ignorancia de la génesis de la criminalidad? ¿Existen razones que permitan suponer que permanecerá siendo en el futuro un factor estático? Nuestra ignorancia actual se basa en primer lugar en