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Es desde todo punto de vista agradable poder apreciar cualquier intento destinado a un elevado propósito de actualización, liberado de prejuicios sólo justificables en una etapa ya superada de nuestros conocimientos. Tal es el trabajo de los doctores Berconsky y Neuman, quienes después de considerar la mayor proporción —casi doblada— de la hipertensión arterial dentro de las cardiopatías que se encuentra entre los israelitas, hacen un estudio del síndrome hipertensivo, basado en 1.171 casos. Pasan revista a su patogenia, documentada en una amplia bibliografía, teniendo en consideración los distintos factores —nervioso, renal, endocrino— tanto en la hipertensión experimental como en la humana, además de los factores herencia y constitución, deteniéndose en la valoración de los factores psíquicos, y su relación con los trastornos de la esfera emocional. Hacen una amplia y perfecta mise au point de los trabajos al respecto, tanto en el campo especulativo, como en el clínico y en el experimental, señalando a Cannon, Freud, Alexander, Menninger, Dunbar, Saul, Weiss y English, etc., como así estudios sobre colectividades, especialmente las formadas por judíos y otras razas sometidas a estados emocionales que deben reprimir, ante todo los sentimientos de hostilidad y de agresión. Establecen comparaciones experimentales y estadísticas de las variaciones de las cifras de tensión en relación con el medio. El negro que habita en África no tiene prácticamente hipertensión, mientras que los que habitan los Estados Unidos, la presentan con una frecuencia hasta dos veces y media mayor. Iguales observaciones se hacen entre los chinos e indios mejicanos. Se refieren a experiencias de Tung y Cadbury, quienes imputan, entre los factores responsables de tales hechos, a la simplicidad de la vida y ausencia de desgaste nervioso. Las conclusiones que transcribimos literalmente constituyen una confirmación en el campo de nuestra medicina clínica, de las reiteradas aportaciones que sobre la