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Puede considerarse este trabajo —escrito antes de 1941— como uno de los primeros pertenecientes a una futura serie de investigaciones basadas en las conclusiones que establece Freud en su obra citada. Sería obvio repetirlas aquí, pero señalaremos que el autor, al aplicar la fórmula freudiana de la religión al estudio de la judía, aprovecha particularmente el concepto del período de latencia postulado por Freud en la historia del judaísmo. Feldman distingue tres períodos en la religión judía. De acuerdo con Reik y Jones, señala que el primero —la religión de Israel— siguió en sus mitos, creencias y rituales las corrientes religiosas dominantes en Asia Menor. Se fundaba en la relación madre-hijo y estaba dominada por el totemismo; adoraba a la diosa-madre y a su hijo-consorte, llamado Adonis-Adon-Adoni-Adonai. Esta religión era el reflejo de condiciones sociales matriarcales, resistiendo a todas las tentativas reformadoras emprendidas por los Profetas.
La segunda fase —el judaísmo de la Torah— era “una protesta contra la religión de Israel y un compromiso con ella”; perseguía la eliminación del culto de Astarté-Adonis y establecía la adoración del Dios Único, llamado Jahveh, generalmente pronunciado Jahu. Significaba una transición al sistema patriarcal. Con toda probabilidad, su fundador fué Esdras, en el siglo v a. J. C. “Mientras la religión de Israel era una religión natural, una creación espontánea y una expresión de energías psíquicas inconscientes, el judaísmo de la Torah era un producto organizado de la conciencia, una obra de reflexión e inteligencia, una religión revelada, muy a semejanza de la religión olímpica de los griegos.”
A Esdras le siguió un período de latencia que duró unos 250 años (418-165 a. J. C.),