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En dos conferencias mantenidas en tono de charla para público médico y entretejidas de nombres y conceptos más bien literarios que científicos, el autor trata de ubicar el psicoanálisis dentro de las actuales tendencias hacia una psiquiatría dinámica; localiza la noción del inconsciente y el estudio del hombre enfermo, como tal, en la presente corriente humanística; pasa revista a ciertas tendencias —la psicología socioantropológica, el estudio de las relaciones interpersonales, psicoterapias no analíticas— que considera como primeros intentos de alcanzar una psicología reparativa, sintética más bien que analítica.
Destácase en este conjunto de lugares comunes una noción que, si bien ya enunciada alguna vez, es gran mérito destacar en la actualidad: la de que las enfermedades humanas son hechos de la naturaleza que tienen su historia propia, su variabilidad en el tiempo. Aparecen no sólo porque surgen nuevos factores exteriores —independientes del hombre, o creados por éste, es decir, “culturales”—, sino también bajo la influencia de la propia actividad terapéutica. El autor condensa de la siguiente manera esta idea: “Es posible que los médicos no sólo curen las enfermedades, sino que los enfermos las produzcan precisamente porque en el momento actual sean o no curables. Así, si la enfermedad y la hospitalización fuesen las únicas válvulas de escape para la situación insoportable que sufre un individuo, no le agradaría