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Una pintora con síntomas graves de tipo psicótico. Más o menos conscientemente se figuraba que en su interior tenía una serie de diablos que le atormentaban, de los que se defendía tomando morfina. En último término estos diablos representaban a los padres, fantaseados sobre todo en una actitud de coito agresivo contra ella. Al mismo tiempo, en su mente existía lo que ella llamaba el “proyecto” (the design), con un papel más bien protector.
Los padres introyectados adquirieron dicho carácter de diablos crueles por una proyección en ellos de las tendencias agresivas de la enferma. Ésta realizaba así una tentativa de liberación de su agresividad, lo que acallaba su responsabilidad consciente, pero que hacía que se sintiese incapaz de un trabajo útil y, además, que tuviese depresiones intensas e ideas de suicidio.
El psicoanálisis al señalarle su propia agresividad, le permitió ser más tolerante con ella y también con la agresividad de los demás. Así los objetos introyectados fueron perdiendo el carácter diabólico, no exigiendo, por lo tanto, esfuerzos para evitar su destrucción.
Paralelamente su arte se fué modificando, pasando del dibujo a la pintura, que primeramente realizó de un modo primitivo, luego siguiendo modelos de la época victoriana, para llegar a tener el estilo de los tiempos presentes.
La autora describe una sesión analítica en la que aparecen especificados estos mecanismos. En ese día comenzó quejándose de úlceras en la boca. Luego narró cómo, yendo en su automóvil, tuvo una discusión con otra conductora de más edad, a la que ella dijo palabras hirientes, quedándose así satisfecha. Pero inconscientemente se castigó por esta rebeldía contra un representante materno, sintiéndose mal, sin fuerzas, como una persona de edad, con las heridas en la boca, también por autorreproches a causa de sus palabras “hirientes”. Lo mismo al pintar copió el modelo del día al estilo Victoriano, es decir, tal como lo hubiese hecho su madre en años pasados. Había, pues, introyec