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Se pasa revista a los conocimientos actuales sobre la pubertad precoz en niños con tumores intersticiales del testículo, y sobre la relación entre el crecimiento somático y los aspectos conocidos de la acción androgénica.
Se demuestra que el propionato de testosterona y la gonadotropina coriónica dan lugar a retención de nitrógeno, fósforo inorgánico, sulfatos y potasio, en cantidades tan considerables que obligan a aceptar un aumento de masa de los tejidos no genitales. La metiltestosterona tiene propiedades similares, por lo menos en algunos sentidos. Con estos agentes también se retiene transitoriamente el sodio y los cloruros. En algunos casos puede provocarse la retención de calcio con propionato de testosterona. La creatinuria puede ser reducida con propionato de testosterona, pero aumenta con metiltestosterona. En el eunucoide puede aumentarse el metabolismo basal mediante el propionato de testosterona y la metiltestosterona.
El crecimiento ponderal y estatural del niño con retardo evolutivo puede activarse mediante la gonadotropina coriónica, el propionato de testosterona o la metiltestosterona. Se produce así la maduración de las formaciones óseas, pero no se logra fácilmente la soldadura de las epífisis, que con toda probabilidad requiere un tratamiento prolongado y masivo.
De acuerdo con estos datos, se acepta que el testículo ejerce profundos efectos anabólicos generales, acelerando el crecimiento somático del varón. Posiblemente, los andrógenos femeninos influyan de manera similar sobre el crecimiento de la niña.
Sólidas pruebas indican que los andrógenos dan lugar a la neoformación de tejidos en determinadas regiones no genitales del varón, como el esqueleto y la musculatura estriada, además del riñón y otros órganos.
Los efectos anabólicos del testículo no parecen ejercerse a través del lóbulo anterior de la hipófisis, ni de la corteza suprarrenal.
El testículo maduro normal no produce este efecto anabólico o somatotrópico con toda la intensidad que el o