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El objeto de este trabajo es el de demostrar cuán profundamente estaba arraigado Freud en el espíritu de la investigación científica. El autor describe la orientación de la gran escuela médica de Viena, actualmente desaparecida, en la cual se educó Freud. Esta
escuela se basaba en la observación, exigiendo que de la interpretación se volviera constantemente hacia aquélla. El laboratorio no tenía la preeminencia que posee actualmente, y se concebía que la observación debía referirse al examen directo del hombre viviente.
De esta escuela surgió una tradición que sobrevivió ampliamente a sus fundadores. Freud y la escuela que creó aprendieron su “misión” de aquel cónclave de Viena. Tal como la escuela de Viena vacilaba entre el nihilismo terapéutico de Skoda y los esfuerzos terapéuticos de Oppolzer (más tarde de Nothnagel), así también Freud osciló entre la investigación y la elaboración de su técnica terapéutica. En suma, pese a su ambivalencia, Freud llegó a ser el gran médico que donó al mundo su nuevo método para curar las neurosis.
“Fué una trágica incomprensión… la que dió lugar a que la medicina vienesa hiciera objeto a Freud, desde el principio, de la sospecha de no pertenecer a ella, de que este genio de primera magnitud emprendería caminos vedados a un positivista.”
Resumen del autor.