You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El interés hacia los sueños llevó a Jones a estudiar la pesadilla, síntoma patológico tan olvidado por la psiquiatría clásica, que no disponía de medios psicológicos para abordarla. Sin embargo es un síntoma de suma importancia. Basta recordar, por ejemplo, que posiblemente las hemorragias cerebrales que tan frecuentemente ocurren durante el dormir, deben ser provocadas probablemente por una pesadilla, por aumentar la tensión arterial; de otro modo durante el descanso nocturno, favorecedor de la circulación, los trastornos deberían ser menos frecuentes.
Jones demuestra que a través de la pesadilla se han originado una serie de supersticiones, de íncubos, vampiros, licántropos, demonios y brujas; también han surgido una serie de ideas extrañas referentes al caballo, con conexiones inconscientes, valiosas para un estudio psicoanalítico.
Haciendo un examen detallado y profundo de la literatura referente al tema y con ayuda de sus propias observaciones, Jones llega a la conclusión de que la pesadilla es siempre la expresión de un conflicto mental intenso, centrado alrededor de algún deseo sexual reprimido, que generalmente suele ser de tipo incestuoso.
Los sueños, y entre ellos la pesadilla, han sido la génesis de la creencia en el alma. De los sueños vienen las propiedades de ésta, de poder vivir fuera del cuerpo, trasladarse libremente y de ser inmortal. Asimismo los sueños han creado una serie de figuras míticas extrañas, como son los íncubos, que bajo diferentes formas, horribles o placenteras, excitan sexualmente sobre todo a mujeres, durante el dormir. El contenido de esta superstición es el de toda pesadilla o sea un deseo de coito de tipo incestuoso, que por represión toma diversas formas. En cuanto a la creencia de los sujetos en la existencia real de los íncubos tiene por finalidad inconsciente la de rehuir el sentimiento de culpabilidad, provocado por los deseos latentes.
Distinto del íncubo es el vampiro. Sus dos características principales son las de proceder d