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Los autores tratan de comprobar por este artículo la exactitud de la teoría del dualismo de los instintos de Eros y Tánatos, por las manifestaciones de estos instintos en un fenómeno fisiológico, en el del sueño. Autores no analíticos comparan frecuentemente el dormir con la muerte, como demuestran muchas metáforas. Pero si en el sueño solamente Tánatos fuese eficaz, si correspondiese el dormir totalmente a una anticipación de la muerte, sentiríamos el estado del sueño como peligroso y —consecuentemente— lo rechazaríamos. El dormir se diferencia de la muerte precisamente por el hecho que también Eros interviene en él, y neutraliza no sólo el fin originariamente destructivo de Tánatos, sino lo convierte en su contrario, en el efecto recuperador del sueño. Para lograrlo, Eros moviliza toda la libido disponible, también los deseos sexuales infantiles reprimidos, que causan el sueño. Eso explica su tendencia a satisfacer deseos y el carácter infantil sexual de aquéllos. Pero entonces el sueño no es únicamente necesario como vigía del dormir, como Freud lo definió, sino además para repeler a Tánatos y es así también vigía de la vida misma y la suposición de que existiese un dormir completamente libre de sueños sería insostenible.