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La buena disposición general que existe en la actualidad para revisar los valores humanos, torna singularmente apropiada en estos momentos la pregunta de si los últimos trabajos científicos son capaces de aportar algo a nuestra comprensión del progreso moral. Esta es la cuestión que se trató en una reunión de la Sociedad Británica de Psicología, realizada el 23 de septiembre próximo pasado, durante la discusión del tema Aspectos psicológicos del progreso social y moral, y en la que los conferencistas principales fueron los profesores J. C. Flugel y Karl Mannheim y el doctor R. H. Thouless.
Abriendo el debate, el profesor Flugel sugirió que, como primer esbozo, es posible identificar ocho tendencias mentales dentro de lo que consideramos como progreso moral. Una vez reconocidas esas tendencias es posible ilustrarlas en tres planos de comparación: sirven para diferenciar la mentalidad del niño y del adolescente de la mentalidad más madura; la mentalidad anormal (patológica) de la mentalidad sana, y la cultura primitiva, de la civilizada. Estas ocho tendencias pueden enunciarse brevemente así:
1) Existe una tendencia a abandonar el egocentrismo en pos de la sociabilidad, una creciente disposición a subordinar las propias necesidades inmediatas a las necesidades de nuestros semejantes, y a encontrar satisfacción en el bienestar de grupos concebidos con criterio cada vez más amplio; de modo que lo que comienza como interés hacia unos cuantos miembros de la sociedad familiar, puede llegar a transformarse en lealtad a una nación, una iglesia, o la ¡raza humana entera. Entre los mecanismos psicológicos implicados en este proceso, la satisfacción substitutiva juega un papel importante; nuestro interés se vuelca hacia personas muy diferentes de nosotros mismos porque ellos representan algo de lo que William James llamara “yo potencial”, al que todos renunciamos al convertirnos en nuestro propio único yo.
2) En el avance hacia la madurez individual y una organización social civil