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Hemos creído necesario ofrecer al lector la leyenda de Dornröschen (1) (La Bella del Bosque Durmiente) previa a la interpretación psicoanalítica que de la misma hace Steff Bornstein por cuanto no todas las versiones circulantes responden exactamente a la que motiva el trabajo que a continuación presentamos.
Había una vez una reina cuya felicidad conyugal veíase ensombrecida por la falta de descendencia. “¡Ah! si tuviese un hijo!”, era su constante clamor.
Un día mientras la reina tomaba su baño surgió súbitamente del agua una rana, saltó a tierra y dirigiéndose a la reina le dijo: “Antes que pase un año, tu deseo se cumplirá: traerás al mundo una hija.”
La profecía de la rana se cumplió, y vino al mundo una princesa linda y graciosa. El rey, lleno de alegría, celebró el acontecimiento con una gran fiesta a la que fueron invitados tíos y tías, amigos y conocidos. Trece hadas que vivían en esa ciudad debían también ser invitadas. Pero la reina no tenía más que doce platos de oro en los cuales debían comer las hadas, de manera que una de ellas no podría asistir.
Las doce hadas se acercaron una tras otra a la princesita, para ofrecerle algún don.
—La hija del rey llegará a ser la mejor y la más amada —dijo la primera.
Y la segunda: Será la más hermosa.
—Será inteligente y estudiosa —dijo la tercera.
Cada una de ellas regalaba algo bueno y lindo. Pero el hada que no fué invitada se enojó mucho con el rey y con la reina. Cuando todas las hadas buenas, menos una, hubieron hecho sus dones, irrumpe en la sala del palacio súbitamente la mala y: “Cuando la hija del rey cumpla 15 años —exclama— se pinchará con