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Comienza el autor del libro, tesis de doctorado, haciendo una somera revisión histórica de la nomenclatura de la epilepsia y de las antiguas opiniones sobre la patogenia de la histeria desde la de Hipócrates, que consideraba el acceso histérico como consecuencia del ascenso de la matriz, hasta las teorías actuales.
La obra está dividida en tres capítulos: 1ọ, el Carácter Epiléptico; 2ọ, la Histeria y el 3ọ se refiere a la Histeroepilepsia.
En el primero estudia la hipótesis de que la epilepsia tiene aún antes que toda manifestación paroxística, anomalías degenerativas del carácter que le pertenecen en propiedad, permitiendo reconocerla con exclusión de todo accidente comicial confirmado. Aclara el concepto de dicha caracterología diciendo que compendia lo que antes se denominó constitución epiléptica o epileptoide, personalidad epiléptica, carácter epiléptico, epilepsia larvada, epilepsia psíquica, etc.; señala que sin recurrir a las antiguas concepciones de Lombroso sobre los “epileptoides” es necesario subrayar netamente los más recientes trabajos que se dedican a reconocer en los epilépticos, fuera de los desórdenes que siguen o acompañan a los accidentes comiciales, una constitución psíquica especial y particular. Cita a continuación trabajos de Sante de Santis, McRobert, Clark, de Minkowska, basados en la encuesta genealógica hecha en una familia de labradores desde el año 1751. Los trabajos de Kretschmer y Mauz. La crítica hecha por Claude a la llamada constitución epiléptica. Cita también los trabajos de Dragonesco, Axente y Buttus.
Al ocuparse de la perseveración como carácter fundamental del epiléptico, se refiere al éxito con que se utiliza el test de Rorschach y explica someramente en qué consiste éste.
Se refiere por último a la opinión de los psicoanalistas citando el trabajo de Freud sobre Dostoiewski, y a Pichón Rivière al transcribir las particularidades de la personalidad epiléptica.
Se ocupa luego de los trabajos encefalográficos de Berger y vuelve a ci