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Cuentos de prevención fué un libro de la primera época victoriana en el que se relataba la desdichada suerte ocurrida a niñitos traviesos y desobedientes. Una forma de prevenir y enseñar a los pequeños lectores el riesgo de colocarse en situaciones peligrosas tales como encender fósforos, cruzar las calles solos, alejarse de la niñera, golpear las puertas, etc. El mismo papel atribuye la autora a las fantasías que denomina también Cuentos de Prevención y que las considera como advertencias contra las satisfacciones instintivas, entrando a cooperar, en esta forma, en el control instintivo. Cita, como ejemplo, una serie de fantasías de sus enfermos relacionadas con el complejo de Edipo, punto culminante en el proceso de la represión. Estos cuentos o fantasías de prevención pueden originarse de hechos reales: así, la fantasía de castración del niño surgida de la observación de los genitales femeninos como castigo impuesto a la mujer, y sirve tanto para el control de tendencias incestuosas como agresivas.
La autora señala que así como las fantasías —advertencias contra peligros internos, satisfacciones instintivas— los cuentos de prevención, advertencias contra peligros externos reales, tienen un castigo común: la muerte o daños corporales.
En dos ejemplos que analiza de sus enfermos, señala la interrelación de estas dos situaciones —interna y externa— indicando cómo la aceptación en la creencia de un peligro real, por ejemplo: el fuego es peligroso, es consecutiva a la represión de una tendencia instintiva por temor a las consecuencias correspondientes. Es decir, que en los cuentos de prevención se manifiesta la advertencia contra la satisfacción de tendencias instintivas que aparece oculta detrás de fantasías con respecto a peligros exteriores reales. Así, se reprime las actividades masturbatorias por considerar que el fuego interior es tan peligroso como el fuego en la vida real. Es decir, que la adaptación a la realidad y la represión de tendencias instintivas constit