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El viejo problema ya señalado en el antiguo testamento es abordado por Fromm, quien insiste en el carácter generalmente unilateral con que ha sido planteado. Muchos han señalado que “el alma no tiene sexo” y que las diferencias se originan solamente en causas culturales mientras que otros sostienen la tesis contraria. En la psicología moderna Freud sostuvo este último criterio basándose en las diferencias anatómicas y mientras los analistas estrictamente ortodoxos mantienen estos puntos de vista como una de las piedras angulares