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La literatura sobre necrofilia es bastante escasa a pesar de que deben existir más casos conocidos que no han sido publicados debido, como dice Brill, en su trabajo sobre el tema a la “horrorosa naturaleza de la perversión”. El autor presenta el caso de un sujeto de 50 años de edad internado en la sección para delincuentes del Hospital Bellevue, N. Y. Arrestado al ser sorprendido en un velatorio besando los labios y acariciando el cadáver de una mujer, fué procesado por violación del artículo 43 del Código Penal de Nueva York. Hijo de una mujer soltera había sido sacado a los 4 años del orfelinato donde se hallaba desde su nacimiento, por un matrimonio que lo adoptó, educándolo como si fuera hijo propio. Según sus declaraciones, recién supo su verdadera condición a la muerte de su madre adoptiva, ocurrida varios años después de la del padre, y a causa del pleito judicial entablado por los parientes de aquélla que reclamaban la herencia. Seis años más tarde, hallándose contemplando el cadáver de una tía materna, tuvo una erección y experimentó la necesidad de masturbarse. Desde entonces adquirió la costumbre de concurrir a velatorios —preferentemente de mujeres— donde cuando no era observado besaba los cadáveres y acariciaba sus senos, masturbándose después de hacerlo.
El estudio del paciente demuestra un desarrollo psicosexual inhibido, exhibiendo evidentes rasgos infantiles. Nunca tuvo relaciones heterosexuales, recuerda haberse masturbado por