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Basándose en tres casos de deseos suicidas y homicidas de madres con sus hijos en los que se demuestra que los niños son considerados como partes integrantes de la madre el autor compara este fenómeno psicológico con un mecanismo ya conocido de la psiquiatría clásica y de la vieja literatura psicoanalítica. La apersonalización ya descripta por Bleuler como una perturbación del yo que considera algo del mundo exterior como perteneciente a la propia persona frecuentemente observada en la esquizofrenia (apersonalización de elementos cósmicos, etc.). Entiende que las cargas del yo se extienden hacia tales objetos y los estímulos que afectan a éstos son sentidos por el sujeto en su propio ser. El autor diferencia tal proceso del conocido mecanismo de identificación en mérito al diferente valor económico de ambos procesos. En la identificación el sujeto adquiere condiciones o cualidades previamente percibidas en el objeto, lo que no sucede en la apersonalización. Indica que éste es un mecanismo del yo y juega un papel importante en la distribución de la libido narcisística, permitiendo gratificaciones de impulsos libidinosos con disminución de los sentimientos de culpa y de la angustia de castración. El objeto apersonado se confunde psíquicamente con el sujeto cuyos sentimientos del yo quedan unidos al mismo como en un enlace umbilical, siendo la libido desplazada de la propia persona al objeto.
Aun en situaciones normales los sentimientos del yo tienden a la personalización de objetos tales como miembros de la familia, sirvientes, etc., los que reforzados constituyen de acuerdo con Federn los mecanismos básicos del sentimiento nacional. La posibilidad de confundir el mecanismo de apersonalización con una mera identificación en la fantasía es rechazada durante el estudio de un caso demostrativo. La unidad entre sujeto y objeto no es debida a una identidad sino a una ligamen común. La identificación con un objeto odiado es comprensible mientras que en la apersonalización nu