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En un grupo de 320 niños difíciles, 128, es decir el 40% recibieron amenazas directas de naturaleza drástica, las amenazas físicas fueron más frecuentes que las de otro tipo y en más de la mitad de los casos fueron amenazados de dañar sus genitales. Los datos dados por el autor no surgieron en el estudio de los pacientes durante un tratamiento psicoanalítico, sino del interrogatorio realizado a los padres y de la historia clínica de los niños. No todos los padres recordaban o querían relatar los procedimientos empleados con sus hijos para evitar la masturbación, lo que hace pensar que un estudio más profundo hubiera dado un porcentaje aun mayor. Las amenazas iban desde las más suaves hasta castigos, humillaciones y directos malos tratos. Citaré algunas de ellas: pegar en las manos, poner pimienta en los dedos para irritar los genitales si acercaba sus manos a ellos, etc. El interés fundamental del estudio reside en el minucioso detalle de la enumeración de las medidas aconsejadas por pediatras, no debiendo extrañar que los padres tan empecinadamente siguieran sus consejos. Entre los consejos pediátricos citaré: Aplicar argirol en los genitales, fingir inyecciones mediante agujas, atar las manos a los lados de la cama. Perforación del prepucio e introducción de un anillo; jaulas para los genitales debiendo la llave ser guardada por el padre; envolver el pene con vendas sin ninguna abertura, castigos corporales. Cita el autor las palabras de un manual de Pediatría muy en boga en 1936: “Los métodos para evitar la masturbación deben variar según cómo se realice ésta. Si es manual atando las manos del niño durante el sueño. Si es por fricción de los muslos separándolos por medio de algo que los ate uno a cada lado de la cuna. En casos obstinados puede recurrirse a un doble entablillado de los costados tal como se usa para la fractura del fémur.”
Las amenazas formuladas por los padres eran entre otras: Te vas a envenenar la sangre, el gato te va a ver, te va a sacar el pen