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Después de expresar que el fenómeno más llamativo y consistente que se encuentra al estudiar las reacciones del lactante es la tendencia latente o manifiesta hacia la desorganización funcional, señala la autora que las irregularidades triviales en el cuidado y manipuleo del bebé producen perturbaciones de la alimentación, sueño y eliminación. En lactantes sensibles o pobremente organizados, estas perturbaciones pueden afectar permanentemente la organización psíquica y motora y aun llegar a amenazar la vida del niño. Esta labilidad o peligro potencial en que se encuentra el niño se debe probablemente al lento desarrollo y organización de su sistema nervioso. Este peligro está representado por una brusca o prematura separación de la madre o una escasa relación con la misma o bien por la tensión creciente de sus apetitos interiores.
En sus investigaciones la autora ha tratado de estudiar y esclarecer las experiencias esenciales que pueden perturbar fundamentalmente los patrones de reacción y el desenvolvimiento ordenado de la personalidad infantil durante este período en que el cerebro anterior está aún insuficientemente integrado.
Señala tres hechos sobresalientes:
1ọ: Necesidad de períodos frecuentes de succión (cada dos horas).
2ọ: No tratar de educar al niño en las funciones eliminativas hasta tanto pueda sentarse solo con seguridad y hasta que haya adquirido un lenguaje de señales que le permita hacer conocer sus necesidades.
3ọ: (Que incluye a los dos anteriores.) Necesidad de un período largo e ininterrumpido de protección psicológica maternal por una persona (en los casos en que no se puede contar con la madre). Éste debe durar por lo menos hasta que el lenguaje hablado se haya desarrollado bien y el niño haya adquirido un sentimiento de autoseguridad y de control voluntario de su equilibrio corporal. A esta necesidad del niño, la autora la denomina “hambre de estímulos” debido a su calidad instintiva. Considera esta relación madre-hijo como una simbiosis biológica,