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Los casos de depresión neurótica grave aun cuando no hayan cruzado los límites de la melancolía, son considerados de gran dificultad terapéutica. Los pacientes tienen a menudo una evidente reacción terapéutica negativa. No quieren ser desviados de sus autoacusaciones e insisten en que no necesitan recuperar la salud. Su masoquismo es tan intenso y la satisfacción de su autotormento tan pronunciada que el pronóstico reservado del analista y el pesimismo terapéutico que experimenta frente a estos casos, es en verdad justificado. Por tal motivo describiré dos casos donde la desesperanza fué el rasgo predominante por mucho tiempo y donde se obtuvo, no obstante, un éxito terapéutico completo. Mi descripción insistirá especialmente en los aspectos técnicos, los cuales han sido hasta ahora comparativamente desatendidos al tratar este problema. Observado desde el ángulo de la técnica, aparece un nuevo criterio para algunos de los problemas teóricos.
Describiré cómo el análisis logró abolir la base de reacción depresiva en dos pacientes. El diagnóstico era en ambos casos depresión neurótica profunda, lindando con la melancolía. En un caso la depresión estaba encubierta por un carácter obsesivo, en el otro no existía un carácter obsesivo. La labor técnica resulta influída por esta diferencia en forma tal que adquiere gran importancia. Abraham consideró el carácter obsesivo como una formación observable con más claridad en los intervalos libres. “El psicoanalista debe tener bien presente que en todos los pacientes cuyas afecciones transcurren en ciclos, puede observarse durante el intervalo libre una disposición anormal del carácter. Y esto es evidente en el neurótico