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Si bien Freud a principios de siglo abrió por vez primera amplia y sólida brecha sobre el oscuro fenómeno del dormir —dice el autor- los resultados posteriores no han confirmado tal indicación. El psicoanálisis, al introducir el principio del placer, el concepto activo de desear dormir, abolió las teorías imperantes que lo consideraban como una pasiva supresión de las funciones vitales. Pero escaso material de real valor —a pesar de los ensayos de Federn, Grotjahn y otros— siguieron a las primeras investigaciones. La culpa recaería, según el autor, en el método empleado, o sea el estudio del dormir valiéndose solamente de los sueños. El principal inconveniente de esta técnica lo sintetiza la siguiente frase de Freud: “Es verdad que los sueños no nos muestran al que sueña bajo el aspecto de que está dormido.” El autor propone un nuevo método de investigación: concebir al fenómeno del dormir como similar o correspondiente a las manifestaciones de la esquizofrenia. Señala la desintegración del yo como principal lazo común a ambos estados.
A continuación Jekels expone su teoría. El dormir no se rige por el principio del placer, sino que obedece a leyes más primitivas, entrevistas por Freud pero sólo para un número limitado de casos. En su libro Más allá del principio del placer Freud admite que ciertos sueños —en especial en las neurosis traumáticas— tienen un origen más remoto que dicho principio y los denomina prehistóricos. Jekels generaliza dicha aseveración. El dormir es vivido como sentimiento de muerte. Esto es debido a que al iniciarse el dormir, si bien la libido se retira del mundo exterior y retorna al yo, la catexis es débil y la libido siempre guarda rastros de su procedencia (el mundo exterior). Esta catexis termina por desdibujarse. El yo cognoscitivo vive esta ausencia de libido como sentimiento de muerte, como no existencia. La comparación del dormir con la esquizofrenia, en especial, con el terror del fin del mundo que caracteriza a dicho estado, viene