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El hombre primitivo está dominado no por su superyó, sino por su yo. Por eso sus dioses, que él se forma según su propia imagen, son dioses débiles, humanos. El dios de Moisés, con quien empieza la etapa monoteística de la historia religiosa, está formado siguiendo el ejemplo del superyó. Se manifiesta, dando los 10 mandamientos, que abarcan las más importantes prohibiciones instintivas. Como el niño en la situación edípica se siente frustrado por su padre y el displacer, causado por las prohibiciones impuestas le provoca agresividad contra éste, el hombre se irrita por las inhibiciones que le impone la religión monoteística. Desplaza su agresividad, dirigida primitivamente hacia el dios, formado según su superyó, sobre los judíos, que eran sus primeros misionarios.
Marie Langer.