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La señora C., de 35 años, me fué enviada por un colega. Presenta desde hace 10 años un eczema persistente en las manos, con poussées de agravación periódica, por lo cual ha consultado numerosos médicos, ensayando tratamientos muy variados sin ningún éxito. Jamás ha observado la menor mejoría (2). Ante la naturaleza rebelde de esta afección, y teniendo en cuenta trastornos psíquicos anteriores, el colega ha pensado en la posibilidad de un origen psíquico de estos síntomas.
El eczema está situado sobre la parte dorsal de las dos manos, al nivel del carpo y de las primeras falanges. No existe en otra parte del cuerpo. Es un eczema crónico, seco; la piel está resquebrajada sin segregar líquido. En el momento de las poussées eruptivas, está acompañado de prurito intenso y la enferma no puede resistir a la necesidad de rascarse. Se produce una agravación cada mes antes de las menstruaciones.
El eczema apareció hace 10 años, después de un embarazo. En este momento, y en seguida después del parto, la señora C. ha hecho una psicosis puerperal a forma delirante, que duró tres meses, de la cual no guardó ningún recuerdo. Tengo poca precisión sobre este delirio. Sé solamente que repetía en el dialecto de su región: “Mi marido no irá a la guerra.” Ella quería esconder todas las llaves, se preocupaba del contenido de una cartera de mano y también de una cajita de plata sobre la cual había tenido con su suegra algunas diferencias. Su marido entonces estaba en la guerra. A su retorno ella quiso envenenarse y temía que él la hiciera internar. En ese momento los médicos habían verificado un poco de albúmina y un aumento