You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Es importante que el psicoanalista de niños participe en la orientación de los mismos, con el objeto de que su experiencia psicoanalítica sea accesible no sólo al limitado grupo de pacientes en tratamiento analítico, sino a un número mayor de niños. Los educadores consultan con frecuencia al psicoanalista para que los oriente en aquellos casos que presentan dificultades que su preparación, experiencia, comprensión y habilidad no pueden superar. Tal consejo requiere a menudo una serie de entrevistas, cuyo número depende de la complejidad del problema y de las necesidades del niño. En las páginas que siguen relatamos detalladamente el problema educacional que se le presentó a una maestra que era asesorada por un analista de niños. Es de esperar que este relato ilustre acerca del método utilizado en tal labor.
En la tarea activa de la orientación infantil, los consejos y la ayuda no pueden limitarse exclusivamente al niño. Es necesario extenderlos a su medio ambiental y a los miembros de su familia.
Frida, niña de diez años de edad, atrajo la atención de su maestra al comienzo del año escolar, porque cuando se le preguntaba la lección demoraba tanto tiempo en contestar que era imposible esperar su respuesta. Era notorio que la niña buscaba perplejamente cada palabra. Su cara era inexpresiva y a la menor interrupción dejaba de hablar. Vacilaba tanto en contestar, aun a la pregunta más simple, que daba la impresión de no haber entendido. Si se le preguntaba: “¿Por qué lo has olvidado?”, después de una pausa aparentemente interminable, daba una contestación tan evasiva come: “Porque he tenido mucho que hacer.” Se notaba que estaba emocionalmente perturbada y que quería decir algo muy distinto. Era demasiado tranquila, seria, apática y parecía no querer tener ninguna relación con los otros niños.