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El psicoanálisis que a continuación se relata, se dió por terminado después de cien horas de tratamiento, con un resultado terapéutico favorable; pero no fué lo suficientemente extenso como para obtener informaciones firmes sobre todos los problemas que surgieron de la enfermedad y de la evolución del niño. Esta desventaja de su relativa brevedad se transforma en ventaja cuando se examina su claridad, claridad que ofrece y permite un esquema que abarca el conjunto del trayecto que siguió este tratamiento analítico.
El relato de este análisis anima también, porque nos hace recordar de un modo particularmente impresionable lo que significa una experiencia traumática precoz para la futura evolución del instinto.
Lo decisivo en la perturbación del desarrollo de este niño, sucedió a la temprana edad de un año y medio. Despertó en él una grain angustia genital en una época en que el desarrollo genital no estaba aún establecido, y en que los instintos pregenitales estaban en primer plano. El efecto de esta temprana angustia genital se vió en el bloqueo de los impulsos pregenitales, desde la edad de un año y nueve meses hasta los tres años. Todos los impulsos sádicos, que surgen en el niño, experimentaron una inmediata inhibición. Impulsos anales fueron desplazados, y este desplazamiento irrumpió en un síntoma neurótico. Pero la angustia que impidió el despliegue de su erotismo pregenital, impidió también el pasaje a impulsos genitales. En el momento que éstos surgieron, fueron reemplazados por imágenes angustiosas y rechazadas. Otra circunstancia más gana aún nuestro interés: el descubrimiento de cuán precozmente, antes aun del desarrollo de la etapa genital, es posible transformar el complejo de Edipo en un afecto hacia ambos progenitores.
Poco antes de su tercer cumpleaños, Pedro es llevado al análisis, porque padece de un síntoma que hace sufrir a su mundo circundante: no puede eliminar