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(Comunicación al iv Congreso Psicoanalítico Internacional de La Haya, 10 de diciembre de 1920.)
Las bases de la técnica psicoanalítica no han sufrido modificaciones esenciales a partir de la introducción de la “regla fundamental” freudiana (de la asociación libre). Desde el comienzo quiero hacer resaltar que mis proposiciones tampoco lo pretenden. Por el contrario, su propósito fué y sigue siendo actualmente el de colocar a los enfermos, mediante determinadas maniobras, en la situación de cumplir mejor la regla de la asociación libre, a fin de poder estimular en esta forma la exploración del material psíquico inconsciente. Tales maniobras sólo se requieren en ciertos casos excepcionales. En la gran mayoría de los enfermos el tratamiento puede llevarse adelante sin una “actividad” especial de los mismos o del médico, y en los casos en los cuales debe procederse con mayor actividad, ésta habrá de reducirse al mínimo. Desde el momento en que se haya vencido el bloqueo del análisis (que es la verdadera justificación y motivo de la citada variante técnica), el analista volverá a retirarse rápidamente a la situación pasiva y receptiva, situación que crea en el inconsciente del médico las condiciones más favorables para su activa colaboración.
Como sucede generalmente con las innovaciones, también la “actividad” — si nos fijamos atentamente en el problema— resulta ser algo conocido desde antiguo. No sólo ha jugado un papel importante en la prehistoria del psicoanálisis sino que, en cierto modo, jamás ha faltado en éste. Por consiguiente, se trata aquí de la mera creación de un concepto y de un término, de la consciente aplicación de algo que de facto ha sido empleado siempre, aunque sin haberse enunciado deliberadamente; con la