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El tema de la fortaleza o debilidad del yo se discutió en el decimoquinto congreso internacional de psicoanálisis . En él se leyó un resumen del presente artículo.
El autor mantiene que la adopción inicial necesaria de normas psiquiátricas en la práctica psicoanalítica dió origen a atrasos en el diagnóstico y pronóstico clínicos. Por ello cree que se hace imprescindible el uso de los criterios psicoanalíticos y ante todo el referente a la energía del yo.
Este último viene a basarse en consideraciones tridimensionales de la metapsicología analítica, en relación con la teoría instintiva. Dinámicamente puede ser considerado como fuerte a un yo que sepa guardar el equilibrio afectivo, teniendo al mismo tiempo la capacidad de responder de un modo elástico a las exigencias instintivas, lo que supone libertad en las relaciones con los objetos.
Es posible distinguir entre dos clases de afectos: aquellos que son manifestaciones (representantes psíquicos) de los diferentes niveles de la tensión instintiva y otros, como la angustia y la culpabilidad, que constituyen reacciones a dichas tensiones. Un óptimo de libertad frente a las reacciones de angustia y culpabilidad constituye otro de los más firmes criterios de la fortaleza del yo. Lo mismo ocurre frente a los afectos depresivos, aunque estos últimos no pueden ser considerados simplemente como reacciones, en el sentido citado.
Económicamente la fortaleza del yo depende de un buen funcionamiento de los diferentes mecanismos psíquicos, evitando exageraciones en su actuación, como ocurre en las neurosis obsesivas, o aparentes debilidades, como en los caracteres masoquistas o en los deprimidos.
Estas valoraciones del modo de actuar de los mecanismos tienen que hacerse desde puntos de vista de cada sujeto examinado; no es posible hacer generalizaciones. Tampoco puede decirse cuál de los mecanismos psíquicos es el más adecuado para la fortaleza del yo, porque ésta es siempre consecuencia de la actuación armónica de todos ellos. Sin em