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Se trata de un niño de 4 años que fué llevado al análisis por presentar ansiedad aguda, ataques de rabia cuando se sentía frustrado y también una “rara” excitación que no estaba en relación con su temperamento y que se producía sin ningún estímulo aparente. Aparte de estos síntomas, sus familiares le consideraban un niño bastante normal, sociable y sin inhibiciones, pero el análisis mostró bien pronto depresiones profundas e infelicidad. La situación traumática básica en este caso fué la falta de padre (éste había muerto cuando el niño tenía menos de 1 año). Su madre, después de soportar muchas dificultades a raíz del fallecimiento del padre, comenzó a trabajar fuera de la casa y el niño fué criado por una tía casada. Cuando el niño comenzó el análisis vivía con su madre, la tía y el esposo de ésta. El niño llamaba a su tío “papito”; conscientemente hablaba de tener un padre y dos madres y cuando se hacía referencia a la muerte de su padre la negaba.