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El autor cita dos sueños. El primero: “Subo una escalera y tengo un niño en brazos”; se interpreta fácilmente, siendo la escalera un símbolo de la actividad genital y el niño del pene. Es por lo tanto un sueño de masturbación. Extraña en él que el niño esté en los brazos del soñante, lo que aludiría a un componente femenino. Esta representación recuerda a la del Hermes de Olimpia de Praxiteles, que tiene en sus brazos al niño Dionisio (Baco), mientras él le ofrece un racimo de uvas. Lo que significa un estado de embriaguez, de excitación siendo también Dionisio un símbolo fálico, como en el sueño anterior. (Compárese con representaciones análogas de San Cristóbal y San Antonio de Padua.)