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Hoy en día ya no se discute la importancia de los factores psíquicos en los trastornos ginecológicos. Pero es interesante observar cuán tempranamente algunos psicoanalistas reconocieron que la causa de trastornos de menstruación o del trabajo de parto puede radicar no en una deficiencia orgánica, sino en un conflicto psicológico. Referimos aquí el trabajo del doctor Eisler, aparecido en 1923. Ya insiste que la amenorrea tiene casi siempre un origen psíquico y expresa un rechazo de la condición femenina. Pero puede servir también para aparentar un embarazo o vivir una fantasía correspondiente. En la dismenorrea, el autor podía observar —en dos casos— un rechazo del hombre como compañero sexual. En uno de estos casos se trataba de una enferma que durante 5 años estaba continuamente menstruando, sin que ninguno de los numerosos ginecólogos consultados la pudiera curar. Finalmente fué llevada a un neurólogo. Era en la época en la cual habían aparecido los primeros trabajos de Freud sobre histeria. El neurólogo, admirador de Freud, se animó a hacer la diagnosis de “histeria” y curó a la enferma mediante un tratamiento sugestivo de pocas sesiones. Para comprobar que también la función muscular de la matriz puede ser influída por causas psíquicas, el autor relata los casos de dos mujeres, que abortaron para vengarse de un abandono del marido. Además, por una investigación psicoanalítica pudo esclarecer el enigma de un parto, que había durado 4 días y medio. La causa de este síntoma peligroso radicaba en el fuerte erotismo anal de la parturienta, para la cual el niño simbolizaba materia fecal, como antes los excrementos habían representado un hijo del padre, del cual no quiso desprenderse.
Marie Langer.