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Los célebres sueños de Hildebrandt con el estímulo de sonar el despertador (en el contenido manifiesto: oír las campanas de una iglesia, los cascabeles de un tronco de caballos y el ruido de una vajilla que se rompe) tienen imágenes múltiples, antes de que en ellos aparezca el sonido exterior que hace cesar el dormir. El autor interpreta este hecho haciéndolo depender de un estado de espera del durmiente, en actitud de oír su despertador. En dicha espera desagradable, el sujeto enmascara lo penoso en un sueño placentero, dispuesto de tal modo que el estímulo exterior del despertador puede introducirse en él inmediatamente de ser oído. Por esto los sueños citados alargan su acción, en actos previos preparatorios y dilatorios de lo que finalmente ocurre.
(Tal vez la misma interpretación pueda darse al largo sueño de un noble, durante la Revolución francesa, de ser guillotinado cuando le cayó encima un travesaño del dosel de la cama en que dormía.)
Garma.