You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Después de señalar brevemente las discusiones referentes a los factores emocionales causantes o capaces de influir enfermedades orgánicas y a los distintos criterios de enfoque, presenta unos casos en los que dice no pretende elucidar la vieja controversia entre fisiogénesis
y psicogénesis, sino para mostrar que en muchos casos diagnosticados solamente en sus aspectos físicos el estudio psicológico de los mismos es de gran importancia clínica. Un neurótico a síntomas cardíacos con un corazón normal puede presentar perturbaciones de la función cardíaca en forma de dolores, arritmias que pueden llegar a producir lesiones estructurales, aspecto este que no entra a discutir en el trabajo. Lo mismo sucede con el cardíaco orgánico con manifestaciones neuróticas donde, de acuerdo con Dumbar y Wolfe, el factor psíquico puede tener mayor importancia en la producción de su incapacidad.
Ilustra el trabajo con la presentación y el estudio completo de varios casos, entre ellos el de una encefalopatía hipertensiva con ataques de tipo epiléptico en un sujeto de 70 años en e' que la investigación comprobó que correspondían con sentimientos de culpa y vuelta contra el yo de fuertes deseos agresivos. Un caso muy interesante con variaciones de las cifras de la tensión entre 210-160 y 130-88 producidas por angustias de mutilación consecuente a una operación de apendicitis que se reproduce en nuevos períodos de ansiedad, acompañados de paresias, retinitis vasoespásticas y fenómenos de encefalopatía hipertensiva. Se estabiliza la normalidad durante dos años, tanto la presión como las demás manifestaciones, a pesar de una intensa actividad de trabajo donde daba directa expresión a sus impulsos agresivos. A raíz de un cese de tales actividades recomienzan sus sensaciones de tensión nerviosa, dificultades sexuales y nueva gran elevación de la presión vascular.
Entre otros casos interesantes presenta el de una oclusión coronaria en un hombre de 40 años. El primer episodio en 1931 con sintoma